Cómo trabajamos: de la medida a la pieza instalada
Los ocho pasos de un mosquitero a medida, qué necesitamos de ti en cada uno y en qué momento puedes decir que no. Sin sorpresas el día de la instalación.
Un mosquitero a medida no es un producto que se compra: es un trabajo que se encarga. La diferencia importa, porque en un trabajo hay momentos en los que decides y momentos en los que ya no.
Esto es lo que pasa entre tu primer mensaje y la pieza montada, en ocho pasos, y —más importante— dónde está el punto de no retorno.
1. Nos escribes
Mándanos por WhatsApp qué ventana o puerta quieres resolver. Si ya tienes las medidas, mejor; si no, una foto sirve para empezar.
Lo que hacemos con eso: identificar tu tipo de ventana y decirte qué mecanismo le corresponde. La foto nos dice mucho — si es corrediza, si abre hacia afuera, si el marco está sano.
Lo que necesitamos de ti: que nos digas también el uso. Una ventana de recámara y la puerta por la que sale el perro cuarenta veces al día no piden lo mismo, y en la foto eso no se ve.
2. Medición
Dos caminos, y los dos son válidos:
La tomas tú. Te decimos cómo: tres puntos por lado, medida menor, ancho × alto. Se hace con un flexómetro, sin herramienta especial. Cotizamos y fabricamos con tus números, y esos números son tu responsabilidad — te lo decimos con claridad, no en letra chica.
Vamos nosotros. Medimos, revisamos el estado del vano y te decimos ahí mismo si hay algo que atender. Antes de agendar te explicamos qué implica la visita.
El momento clave del paso 2 es éste: si al medir aparece algo —vano fuera de escuadra, perfil vencido, un asiento que hay que preparar—, te lo decimos en ese momento, con el ajuste que implica. No el día de la instalación, cuando la pieza ya está cortada y tú ya no puedes decir que no.
3. Tipo de mosquitero
Con las medidas y la foto ya sabemos cómo abre tu ventana, así que aquí te decimos qué tipo le queda: corredizo, enrollable, abatible o plisado.
No es una lista de opciones para que elijas por gusto. El mecanismo de tu ventana ya eliminó la mitad; de lo que queda, decide el uso. Una ventana que abres dos veces al día y la puerta por la que sale el perro cuarenta no piden lo mismo.
Aquí está cada tipo con su caso y su límite. Si tu caso se resuelve con la pieza más sencilla, te lo decimos — no te vamos a empujar el mecanismo caro porque sí.
4. Malla
Mismo criterio, decisión aparte: la malla decide qué detiene la pieza y cuánto dura.
Las preguntas son cuatro: ¿hay mascotas con uñas?, ¿le pega el sol directo?, ¿qué insecto quieres frenar?, ¿es zona de golpes? Cada una empuja hacia una tela distinta, y cada una tiene su costo real — la reforzada aguanta más pero deja pasar menos aire; la de sombra baja el calor pero oscurece.
Es el paso que más gente se salta y el que más reclamos genera después. La comparativa completa está aquí.
5. Cotización
Recibes el precio por pieza y desglosado: mecanismo, malla, instalación. Por ventana, no un total global por “el trabajo”.
Por qué desglosado: para que puedas quitar la ventana del baño del pedido sin renegociar todo, y para que puedas comparar con otro presupuesto de verdad. Aquí está qué mueve cada línea del precio.
En la cotización va también el tiempo de entrega — el real para tus piezas, calculado cuando ya sabemos qué estamos fabricando. No damos un plazo antes de saber qué vamos a hacer: eso sería adivinar y presentártelo como un compromiso.
Éste es tu último punto de decisión libre. Hasta aquí todo es reversible: cambiar el tipo, cambiar la malla, quitar ventanas, no hacer nada. Te lo señalamos a propósito.
6. Fabricación
Se corta el aluminio contra tu medida y se tensa la malla sobre ese marco.
Aquí ya no hay vuelta atrás, y es honesto decirlo. Una vez cortada, la pieza sirve para tu vano y para ninguno más — no hay forma de devolverla al inventario porque nunca fue inventario. Ésa es la contraparte de que sea a medida.
Por eso la cotización existe como paso separado, y por eso insistimos tanto en la medición.
7. Instalación
Colocamos la pieza en tu ventana o puerta, ajustada al vano.
8. Revisión y cuidado
Verificamos delante de ti que corre, que cierra completo y que no deja hueco perimetral.
Esto no es un detalle de servicio: es parte del trabajo. Un mosquitero puesto no es un mosquitero instalado. Puesto significa que está ahí; instalado significa que hace su función. Un mosquitero que “casi cierra” no cierra — por el hueco pasa justo lo que querías dejar afuera.
Si algo no cierra bien, se ajusta en ese momento. No es un favor: es que el trabajo no está terminado hasta entonces.
Y antes de irnos te decimos cómo limpiarlo. No es relleno: el riel sucio es lo que más falla y lo más barato de prevenir. Aquí está el mantenimiento completo.
Qué no vas a encontrar en este proceso
Vale la pena decir también lo que no hacemos:
- No cotizamos un número y luego lo corregimos al alza. Si al medir cambia algo, te enteras antes de fabricar.
- No prometemos plazos antes de saber qué vamos a fabricar.
- No te vendemos la pieza más cara si tu ventana pide otra. Si tu caso se resuelve con un fijo, te decimos que es un fijo.
- No te vendemos pieza nueva si lo tuyo se repara. Cuando el marco aguanta, se cambia solo la malla.
Empezar
El primer paso es un mensaje. Mándanos una foto de la ventana o las medidas si ya las tienes, y arrancamos por el paso 1.
Y si después de la cotización decides que no, no pasa nada: para eso está ese paso ahí.